



Durante este tiempo, Leonia continuó en contacto con las hermanas del Monasterio de la Visitación y las visitaba periódicamente cuando residía con su prima Juana. Entre la segunda marcha de Leonia del Monasterio y su entrada final, muchas de las Hermanas habían muerto. Esto llevó al Monasterio de la Visitación en Caen, a aceptar a un par de Hermanas provenientes del Monasterio Boulogne-sur-Mer, y, un par de mese más tarde, una de esas nuevas Hermanas, es elegida Madre Superiora. Madre Juana-Marguerita. Decarpentry proporcionó una visión diferente de la Regla de la Visitación que permitió a Leonia y otras Hermanas que, previamente, habían abandonado el Monasterio una oportunidad para volver. Semanas antes de morir, Teresa tuvo una conversación con María en la que le dijo que, después de su muerte, Leonia volvería a la Visitación en Caen. También afirmó que Leonia se mantendría hasta su muerte. Esta visión de Teresa se cumplió Leonia, escoltada por su tío Isidore, entró en el Monasterio de la Visitación el 30 de Enero. Leonia le dijo a su nueva Madre Superiora: “Estoy aquí para siempre, ésta es mi única ambición: esconderme como una humilde violeta para que la perfecta obediencia a mis superiores haga de mí lo que sea.” (GV) El 30 de Junio de 1899, Leonia recibió el hábito y tomó el nombre de Sor y Francisca-Teresa. La ceremonia tuvo lugar bajo la dirección de Canon Levasseur. Ella continuó con su noviciado bajo la dirección de la sor Louisa Henriette Vaugeois. Leonia se sentía muy unida a ella por la humildad, simplicidad y amabilidad que demostraba hacia ella. Desafortunadamente, La sor Louisa fue requerida en su antiguo convento de Boulogne-sur-Mer. La sor María Aimée de Songnis se encargó del entrenamiento de Leonia. La sor María Aimée era muy diferente de su predecesora. Ella era más exigente en el seguimiento de la Regla de la Visitación. Esto, a su vez, llevó a Leonia a la depresión Fue muy difícil para Léonie aprender la Regla lo suficientemente rápido para que no desmotivara a su directora. Las hermanas de Leonia estaban otra vez alarmadas y temían que se repitiese la historia. Tenían miedo de que Leonia fuera obligada a abandonar el Monasterio otra vez. Gracias al apoyo de sus hermanas del Carmelo, y la intercesión de su amada tía la sor María-Dositea y su hermana Teresa, Leonia sobrevivió este proceso. Como dijo en una carta a sus hermanas en el Carmelo: “Sobrevivir a las presiones de la tierra: para ganar el Cielo, si es necesario sufrir y sufrir grandemente. La verdadera paz es aceptar todas las pruebas. Después de que hemos completado nuestro exilio, habrá Cielo eternamente, mientras esperamos, es necesario que nos unamos a la Cruz. De la Cruz al Cielo sólo hay un paso.” (GV) La sor María Aimée decidió que Leonia estaba preparada para hacer su Profesión. El 2 de Julio de 1900, Leonia acabó su noviciado y pronunció sus votos finales. La ceremonia tuvo Carmel de Lisieux lugar bajo la dirección del Canon Levasseur. Leonia recibió su crucifijo, la cruz que le costó tantas lágrimas, sin embargo, estaba contenta de vivir el resto de su vida como una monja de la Visitación. La Madre Superiora de la Comunidad decidió que Leonia fuese asistente de la Tesorera, enfermera, asistiendo en el refectorio y asistente en la sacristía. Las obligaciones de Leonia en la tesorería era asegurar que todo en el Convento funcionase. Sus obligaciones en la enfermería era ocuparse de las necesidades de los enfermos y las monjas ancianas. Asistió a las Hermanas en el Refectorio que preparaban las dos comidas diarias de la comunidad. Sus deberes en la Sacristía eran preparar el vestuario, los corporales, etc. y los purificadores para Misa. Leonia prestó su apoyo y atención a las necesidades de las nuevas postulantas que, como ella, estaban teniendo dificultades para seguir la Regla de la Visitación. A pesar de que no tenía siempre un papel de líder, ella aceptaba sus tareas con gozo. Leonia tuvo que hacer muchos sacrificios en su trabajo. Con gran humildad, usó esas oportunidades para ofrecérselas a Dios y salvar almas, en partículas para los sacerdotes. Leonia tuvo una breve oportunidad de ver a su hermana Paulina en 1902. Paulina y Madre María de Gonzaga estaban viajando a una ciudad llamada Valognes, Normandía en viaje de negocios. Esto fue muy especial para Leonia ya que creyó que nunca volvería a ver a su hermana. En la primera mitad de 1900, Teresa había llegado a ser muy conocida pro mucha gente en Francia. Su libro “Historia de un alma” fue muy leído por gente que había buscado su protección e intercesión. El proceso para la canonización de Teresa había empezado. En 1910, el Obispo Lemonnier de Bayeux y Lisieux pidió a Leonia que preparase una declaración sobre las virtudes de Teresa. El 27 de Noviembre, Leonia y la Madre Superiora Juana-Marguerita Decarpentry viajaron a Bayeux para ver al Obispo. Leonia testificó sobre las virtudes de Teresa. Durante este evento, ambas estuvieron en el Monasterio Benedictino. El interés sobre Teresa atrajo también interés sobre Leonia y el resto de las hermanas. La gente visitaba el monasterio de la Visitación y preguntaba por Leonia para verla y pedirle que intercediera por ellos a su hermana Teresa. Leonia siempre cumplía con sus peticiones. Cuando 1914 se aproximaba, la amenaza de la guerra era inminente. El comienzo de la I Guerra Mundial tuvo un grave efecto en la comunidad de la Visitación así como en otras comunidades religiosas. Los alemanes avanzaban sobre Francia a través de la frontera belga y ocuparon el noreste del país. A pesar de que Leonia y sus hermanas estaban lejos del frente, se les pidió que hicieran sacrificios por la guerra. Se racionó la comida para todos, así como las medicinas y otras ayudas, La mayoría de las provisiones fueron enviadas al frente para ayudar a los soldados franceses. Leonia estaba muy preocupada por la seguridad de sus hermanas en el monasterio carmelita de Lisieux debido al racionamiento. Ellas le aseguraron que estaban bien. Cuando acabó la guerra todas ellas sobrevivieron a los horrores. El 30 de Septiembre, 1912, mientras Leonia cantaba el Santo Oficio, se le aparecieron las manos de Teresa en su libro. Esta aparición le dio a Leonia la seguridad de que su hermana siempre estaba con ella. Ellas tuvieron una relación muy cercana. Ella vio a Teresa como una guía en el camino de la perfección. Esta experiencia dio valor a Leonia para trabajar más duro en ser santa. El proceso de canonización de Teresa, progresó rápidamente el 9 de Abril de 1915. Tuvo lugar el segundo examen de las virtudes de Teresa requerido en el proceso apostólico .El examen tuvo lugar en el monasterio Carmelita de Lisieux. Para su gran gozo, Leonia y su Madre Superiora viajaron al monasterio Carmelita. Leonia no había visto a sus hermanas en 17 años. Fueron ocho días excitantes para ella por la bendición de ver a sus queridas hermanas y por ver donde Teresa había vivido y trabajado. Leonia dijo: “Mientras estábamos sentadas en los peldaños del Carmelo, era como si nada hubiera cambiado. Como si estuviésemos juntas en Les Buissonnets de nuevo.” Cuando llegó el momento de dejar el monasterio Carmelita, Leonia tuvo que despedirse otra vez de sus hermanas. Esta vez sería para siempre hasta que se volviesen a ver en el Cielo. Las hermanas Carmelitas prepararon una canción de despedida que fue un regalo muy emocionante para ella. Una vez que Leonia volvió al monasterio de la Visitación fue muy difícil para ella adaptarse. La separación de sus hermanas y la dificultad de seguir “el caminito” le produjeron un desgaste emocional. Ella tenía miedo de defraudar: “pertenezco a una familia de santos y no debo traicionar esta herencia.” (GV) Leonia siempre pensó que Paulina era una santa. Ella la consideraba como una persona con grandes virtudes. Además Leonia persistió y retomó la práctica de permanecer oculta, siguiendo los pasos de Teresa poco a poco. El principal objetivo de Leonia era ser un ejemplo del amor de Dios, el mismo amor que él tiene por cada uno de nosotros. Ella buscó su propia medida de obediencia a Dios para avanzar en su práctica de la humildad, una de sus virtudes favoritas. Ella dedicó la mayor parte de sus oraciones al Papa, a la Iglesia y sus comunidades y a los que sufrían. Leonia constantemente examinaba el progreso en su camino de perfección y llegó esta conclusión: “soy tan pobre, tan pequeña, tan débil, pero me regocijo en ser así porque me hace ser más abierta a Su amor que consume y transforma y no podría abandonarme más. Creo que he llegado al punto donde Dios desea que esté, porque le amo sobre todas las cosas; No quiero otra cosa que no sea El.” (L) De todas maneras Leonia continuó trabajando fervientemente para alcanzar la meta de ser más humilde. Ella buscó todas las oportunidades posibles para salir del centro de atención, trabajando duramente para llegar a ser no reconocida. Sus Hermanas de la Visitación, describieron su pura amabilidad y alegría exultante y gran humildad acompañada de simplicidad. Reflexionando a cerca de su difícil infancia, Louisa Marais, la doncella, le pidió perdón. Había abusado emocional y físicamente de Leonia cuando ésta era niña. A Louisa no se le permitía tener ningún contacto con Leonia, pero consiguió tenerlo gracias a la intercesión de Maria. Leonia le agradeció el haber cuidado a su madre cuando sufrió cáncer de pecho y la perdonó por la manera en que la había tratado. El 10 de Agosto de 1917, tuvo lugar una segunda exhumación de los restos de Teresa. Leonia siempre había querido tener una reliquia de ella desde su muerte. Afortunadamente, mientras Celina estaba envolviendo las reliquias de Teresa en lienzos de seda, una muela se cayó, con lo que se decidió que éste sería dado a Leonia. La llegada de la reliquia al monasterio de la Visitación fue una bendición para Leonia y sus Hermanas en Caen. El 26 de Marzo de 1923, las reliquias de Teresa fueron llevadas al Monasterio Carmelita de Lisieux. Fueron llevadas en un carruaje bellamente decorado en procesión desde el cementerio hasta la capilla Carmelita. La beatificación de Teresa iba a tener lugar el 29 de Abril. Como gesto a Leonia, el carruaje pasó cerca del Monasterio de la Visitación en Caen para incluirla en la ceremonia. Poco después de la beatificación, la canonización iba a tener lugar. El 17 de Mayo de 1925, se convirtió en Santa Teresa del Niño Jesús. Tuvo lugar en Roma una bella ceremonia para celebrar la canonización de la nueva santa. El Papa Pío XI invitó a las hermanas de Teresa a que asistieran, pero todas declinaron la invitación. La decisión se debió a que querían continuar su trabajo en el monasterio como monjas de clausura. En su lugar, dos hermanas legas del Monasterio de la Visitación, fueron a Roma para representarlas. Leonia les encomendó una petición especial: que besaran los pies del Papa Pío XI, como demostración de su fe en él. El 28 de Septiembre, el cardenal Vico, llegó a Caen para visitar a Leonia en representación del Papa. Leonia se arrodilló ante él para demostrar su fidelidad a él y al Papa. Leonia como sus hermanas rezaba por el Papa, sacerdotes y por la Iglesia. El Cardenal le dio un retrato del Papa para celebrar los 25 años de Leonia como monja de la Visitación. El retrato contenía la inscripción de una bendición para ella en honor de esta ocasión. Paulina había enviado una estatua de Teresa que fue colocada en el jardín del Convento de la Visitación, el Cardenal tuvo el honor de bendecir la estatua durante su visita. Debido al abrumador interés en Teresa, muchos visitantes venían a la Visitación para ver a Leonia. Leonia al ser una asistenta de la portera, abría a la puerta sin revelar su identidad. Esto era una oportunidad para practicar la humildad. La mayoría le pedían que rezara a su hermana Teresa por sus intenciones y ella siempre cumplía con las, aunque nunca pidió nada para ella misma. Ella sabía que recibía todo lo que necesitaba. Un visitante quiso entrevistar a Leonia para averiguar más información sobre Celia, su madre. Leonia accedió a su petición y le contó que fue su madre quien le enseñó humildad, simplicidad y desapego de las cosas mundanas. Siempre la vio como una santa. El visitante le pidió que le dedicase el libro “The Little Flower’s Mother”. Leonia también escribió un mensaje para la The Little Flower Society”:” si debemos complacer a la Florecita, debemos ser humildes como ella y seremos humildes si nos repetimos cada día:” Jesús manso y humilde, haz mi corazón como el tuyo.” Leonia se comprometió a rezar cada día a Teresa para que los cuidase. En la entrevista, le preguntaron por qué no se había hecho monja carmelita como sus hermanas. Leonia replicó que ella estaba donde Dios quería que estuviese y que una de las gracias que le había dado su hermana era preservar su devoción a la Orden de la Visitación. La primera afiliación de Leonia con esta Orden fue a través de su tía María-Dositea a la que admiraba grandemente, queriendo seguir sus pasos, hasta el punto de tomar inicialmente el nombre de Francisca- Dositea. Era una de las metas de Leonia que luego explica:” quiero ser pequeña, tan pequeña. Este es el ejemplo que quiero seguir. Sé que esto es lo que Jesús espera de mí”. Durante el mes de Diciembre de 1930, Leonia fue invadida por una grave infección viral extremadamente contagiosa, caracterizada por la inflamación de la tráquea y por fiebre, escalofríos, dolor muscular, y agotamiento. También llamada gripe, lo que eventualmente la llevaría a contraer neumonía. Sus hermanas de la Visitación creyeron que no sobreviviría por lo que le administraron los últimos Sacramentos. Paulina envió un telegrama a la hermandad Carmelita en Roma comunicándoles el estado de su hermana. Inesperadamente, el Papa Pío XI le respondió dando a Leonia su bendición papal así como pidiendo la intercesión de Teresa. La sor María Aimée, que era muy cercana a Leonia, rezó ante la estatua de Teresa en el jardín pidiendo su intercesión. Tras recibir Leonia las bendiciones, se empezó a recuperar. Las Hermanas de la Visitación estaban impresionadas por su continua devoción al Amor de Dios y por su ardiente deseo de estar en su Presencia durante su sufrimiento. La sor Josefina Gabriela de Formigny, enfermera de Leonia dijo:” Qué edificante fue la actitud de Leonia durante su sufrimiento. Admiro su fe, su amor a Dios, su profunda delicadeza de sentimientos; ella honra a su hermana Teresa, cuyas virtudes reproduce…” Durante el resto de la vida de Leonia, sufrió numerosas enfermedades, su débil sistema inmunitario no le ayudaba a luchar contra resfriados y gripe que pasaban cada año por el Convento. También sufrió eccemas que se extendían por todo el cuerpo lo cual era muy incómodo. Como su madre Celia, sufrió migrañas. También perdió gran parte de sus dientes por lo que tuvo que llevar una prótesis. Por si no fuera suficiente, sufrió artritis reumática hasta su muerte dejando su cuerpo frágil y debilitado que cuando no era capaz de andar sin dudarlo, gateaba para recibir el Sagrado Sacramento, el verdadero centro de su vida religiosa. La oración fue una parte muy importante de su vida, lo que su corazón deseaba constantemente y se recoge en su oración:” Cómo amo las palabras, la obra de Dios en nosotros, no necesitamos verle ni sentirle. Felizmente, esto es cierto porque siempre he sido y sigo siendo una cabeza hueca un leño, y pido a Jesús que incendie este leño con el Espíritu de Amor”. Multiplicando las horas de oración ante el Sagrado Sacramento, Leonia dijo” Es ante el Sagrado Sacramento que nuestras mentes y corazones se preparan para recibirle. Digamos también muchos Ave Marías, ya que es nuestra Madre Inmaculada del Cielo la que nos va a salvar”. En Diciembre de 1939, María contrajo un resfriado con una tos muy dura. Su enfermedad continuó durante Enero, agravándose su enfermedad fatalmente. Paulina y Celina escribieron a Leonia para informarle de que María estaba viviendo sus últimos días en la Tierra. El 18 de Enero de 1940, María expiró. Como costumbre, dos hermanas visitandinas del Monasterio de Leonia fueron enviadas al Carmelo con flores para el funeral de María. En Abril de 1940, Leonia escribió una carta a sus hermanas en la que describía sus sentimientos a cerca de la muerte:” Qué gozo. No hay nada seguro en mí excepto mis ojos, mi corazón, y mi cabeza. Gracias a Dios. Lo que más deseo es completo abandono…como esposas de Cristo, no podemos sentir miedo a la muerte, por la que debemos pasar para encontrar verdadera vida en El”. Adolf Hitler invade Francia el 10 de Mayo de 1940. El ejército francés creyó que les atacarían en la frontera entre Francia y Alemania donde tenían fuertes defensas. Pero los alemanes decidieron atacar Francia a través de Bélgica. A pesar de que los franceses hicieron un esfuerzo enorme para parar el avance alemán, las fuerzas eran muy desiguales. El 22 de Junio de 1940, los gobiernos francés y alemán firman el armisticio por lo que se declaraban dos zonas: una ocupada por los franceses y otra por los alemanes. Desafortunadamente Caen y Lisieux estaban en la zona ocupada. Leonia y sus Hermanas de la Visitación no pudieron ignorar la situación por más tiempo. Los alemanes habían colocado regimientos en las ciudades de Francia, incluido Caen. Leonia hizo todo lo que pudo para consolar a sus Hermanas que tenían miedo de la ocupación alemana. Rezaba ardientemente por la seguridad de su familia y pedía a su hermana Santa Teresa que las protegiera. Cuando 1940 llegaba a su fin, la salud de Leonia había empeorado. Ya no podía andar por el Monasterio. La Madre Juana Maguerita de Carpentry decidió que, tras contraer bronquitis, Leonia debía ser trasladada a la enfermería. Una vez allí, Leonia confortó a las otras hermanas que se encontraban a punto de morir. Estaba contenta de continuar sus deberes a pesar de estar limitada por su mala salud:” Si, sufro mucho, pero no quiero parar, quiero seguir hasta la muerte. “ Durante Mayo de 1941, Leonia contrajo la gripe de nuevo. Esta vez parecía que no la iba a superar. Sufrió mucho físicamente:” Me he hecho tan pequeña que tengo la audacia de creer que no iré al Purgatorio. Pido a mi Jesús que me prepare para su llegada. Aunque soy una gran pecadora, no tengo miedo de Dios. Al contrario, es mi extrema necesidad de El lo que me da tanta confianza que sueño que cuando deje los brazos de nuestra amada Madre Superiora, caeré naturalmente en los brazos de Jesús y los de mi Madre celestial. Qué audacia” Al final de Mayo, Leonia empezó a mejorar. Era una oportunidad de oro para sus Hermanas de la Visitación que querían celebrar el nacimiento y profesión de Leonia. La Madre Superiora aprovechó esta oportunidad para celebrar el cumpleaños de Leonia, así como su 40 aniversario de su profesión, el cual fue celebrado el 3 de Junio de 1941. Uno de sus regalos fue un mensaje del Papa Pío XII:” Estamos bendecidos de todo corazón en la ocasión de tu 40 aniversario de tu profesión religiosa, nuestra querida hermana en Jesucristo, Francisca-Teresa de la Visitación de Caen, y gracias a la intercesión de su bendita hermana Santa Teresa, imploramos para ella la gracia de la más alta santificación en la más ferviente humildad”. Cuando la celebración llegó al final, Leonia tuvo que volver a la enfermería. Sus Hermanas llenaron los pasillos del convento con los versos:” por tu dulce manera guíanos, rezamos, Teresa al Cielo, al Cielo, al Cielo”. Leonia estaba llena de alegría y felicidad por la celebración. La Madre Superiora tuvo la oportunidad de llevar a su “reliquia viviente” de vuelta a su habitación. Debido a la ocupación del ejército alemán, el mensaje del Papa llegó casi con un año de retraso. Tras la celebración en 1940, Leonia contestó al Papa, agradeciéndole su regalo. Pero el mejor regalo para Léonie fue el de su hermana Paulina, que envió el crucifijo de la profesión de Santa Teresa permitiendo que el convento de la Visitación se lo quedase. También les dio un relicario para guardar la cruz y ésta pudiera ser venerada. Paulina, sabiendo que su hermana iba a morir contactó al Papa y pidió permiso para que el cuerpo de Leonia estuviese enterrado en el Carmelo de Lisieux. Era una expresión de fe que todas las hermanas estuviesen enterradas en la cripta junto a Santa Teresa. Pero Leonia quería ser enterrada en el convento de la Visitación, ya que pensaba que tras su muerte no habría más comunicación entre la Visitación y el Carmelo. La Madre Superiora también temía esto porque el Carmelo les ayudaba de muchas maneras durante la ocupación alemana. Paulina le aseguró a su hermana:” No temas, mi pequeña Leonia, si vuelas al Cielo no dejaré de ayudar a tu Monasterio, además siento la necesidad de hacerlo”. A medida que avanzaba Junio, los ojos de Leonia estaban solamente en el Cielo. Conversando con su Madre Superiora dijo:” El divino Ladrón está en la puerta, querida Madre, pero no te preocupes si me saca en medio de la noche ya que estoy preparada. Todo está hecho, abandonado”. Era doloroso para algunas de sus Hermanas verla en un enorme estado de agonía durante su enfermedad. Leonia les aseguraba,” Era necesario sufrir antes de morir porque aún tengo que subir al Calvario”. Quería subir al Cielo como los niños. El 12 de Junio Leonia se levantaba para la oración de la mañana, pero de repente, se sintió débil e inmóvil de un lado de su cuerpo, que le hizo caer al suelo. Cuando la enfermera llegó, la encontró en el suelo inconsciente, por lo que pidió ayuda para colocarla en la cama. Llamaron al médico y al sacerdote para que le administrase la Extremaunción. Horas más tarde Leonia se despertó y se dio cuenta de su parálisis que le impedía moverse y hablar. La Madre Superiora se lo comunicó a Pauline y Celina. Esa misma tarde, Paulina envió a dos hermanas legas a la Visitación llevando flores con oraciones y bendiciones. Leonia estaba visiblemente emocionada al verlas, se sentaron en su cama y le dieron los mensajes. La Madre Superiora le dio el Rosario de María y el Crucifijo de Teresa. Leonia guardó las reliquias en sus manos, cogió una rosa, y les quitó los pétalos y los puso sobre el Crucifijo de su hermana. La condición de Leonia se deterioró los siguientes 5 días. Aunque estaba muy débil, mantuvo el Rosario de María y el Crucifijo de Teresa junto a su corazón. Cada día el sacerdote le daba la Extremaunción. El 16 de Junio, Leonia extendió sus manos con una débil sonrisa en su cara, cuando sus Hermanas trajeron una réplica de la estatua de Nuestra Señora de la Sonrisa. Le recitaron algunos versos de su hermana Teresa:” Morir de Amor, qué martirio más dulce, Lo deseo, es el deseo de mi corazón. Pronto se acaba mi exilio, Oh, te suplico querubín, afina, afina tu lira”. Esa tarde se hizo evidente que le quedaban pocas horas de vida ya que los signos de la muerte eran evidentes. La Madre Superiora le dio una vela bendecida mientras rezaban a Nuestra Señora del Monte Carmelo, a Nuestra Señora de la Visitación y a Santa Teresa. Pocas horas antes de que ella subiera al Cielo, el 17 de Junio, Leonia volvió a depositar pétalos de rosa sobre el Crucifijo de Teresa. La Madre Superiora abrazó a Leonia dos veces, una por Paulina y otra por Celina. Puso su cabeza de vuelta en la almohada y Leonia suspiró dos veces mientras su alma comenzaba su ascensión al Cielo. El Señor que ella amaba, la llamaba a Casa. Las hermanas de la Visitación se reunieron alrededor de su cama y cantaron el Magníficat. Prepararon su cuerpo para el funeral con las manos unidas al Crucifijo de su hermana Santa Teresa y su cabeza sobre una almohada blanca. Le colocaron una corona de rosas blancas alrededor de la cabeza y una guirnalda de flores rodeándola. La bella sonrisa de Leonia se mantenía en su cara mientras descansaba en paz. Su cuerpo fue llevado al coro de la Capilla donde aquellos que vinieron pudieran mostrar sus respetos. A medida que se conocía la muerte de Leonia, llegaba gente de todo el mundo. Su funeral fue un encuentro multitudinario de gente que quería darle su último adiós, a pesar de la ocupación alemana. Numerosas cartas de condolencia llegaron a ambos Monasterios. El funeral por la sor Francisca –Teresa, María Leonia Martin fue oficiado el 21 de Junio de 1941, celebrado por Monseñor Germain. El cuerpo de Leonia fue enterrado en la cripta del Monasterio de la Visitación donde aún permanece. Escrito cerca:: R. Hann Traducido cerca Yolanda y familia Bibliografía Abbé Combes, ed. Collected Letters Of Saint Thérèse of Lisieux . (CL) New York: Sheed & Ward, 1949. Dolan, Albert H. Rev.. Collected Little Flower Works. Chicago: Carmelite Press, 1929. ---. The Little Flower’s Mother. Chicago: Carmelite Press, 1929. (CW) ---. God Made The Violet Too: Life of Léonie, Sister of St. Thérèse. (GV) Chicago: Carmelite Press, 1948. Piat, Stéphanie Fr. The Story Of A Family: The Home of St. Thérèse of Lisieux. (SF) Trans: Benedictine of Stanbrook Abbey. Rockford, Ill.: Tan Books and Publishers, Inc., 1948. Death Announcement of Sr Francoise-Therese Martin, UnpubIished transcript from the Monastery of the Visitation in Caen, France. 1941 (DL) |

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| 3 de Junio, 1863-17 de Junio, 1941 |


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