Durante este tiempo, Leonia continuó en contacto con las hermanas del Monasterio de la
Visitación y las visitaba periódicamente cuando residía con su prima Juana. Entre la segunda
marcha de Leonia del Monasterio y su entrada final, muchas de las Hermanas habían muerto.
Esto llevó al Monasterio de la Visitación en Caen, a aceptar a un par de Hermanas provenientes
del Monasterio Boulogne-sur-Mer, y, un par de mese más tarde, una de esas nuevas Hermanas,
es elegida Madre Superiora. Madre Juana-Marguerita.

Decarpentry proporcionó una visión diferente de la Regla de la Visitación que permitió a Leonia
y otras Hermanas que, previamente, habían abandonado el Monasterio una oportunidad para
volver.

Semanas antes de morir,
Teresa tuvo una conversación con María en la que le dijo que,
después de su muerte, Leonia volvería a la Visitación en Caen. También afirmó que Leonia se
mantendría hasta su muerte. Esta visión de
Teresa se cumplió Leonia, escoltada por su tío
Isidore, entró en el Monasterio de la  Visitación el 30 de Enero.  Leonia le dijo a su nueva
Madre Superiora: “Estoy aquí para siempre, ésta es mi única ambición: esconderme como una
humilde violeta para que la perfecta obediencia a mis superiores haga de mí lo que sea.” (GV)

El 30 de Junio de 1899, Leonia recibió el hábito y tomó el nombre de Sor y Francisca-Teresa.
La ceremonia tuvo lugar bajo la dirección de Canon Levasseur. Ella continuó con su noviciado
bajo la dirección de la sor Louisa Henriette Vaugeois. Leonia se sentía muy unida a ella por la
humildad, simplicidad y amabilidad que demostraba hacia ella. Desafortunadamente, La sor  
Louisa  fue requerida en su antiguo convento de Boulogne-sur-Mer.

La sor María Aimée de Songnis se encargó del entrenamiento de Leonia. La sor María Aimée
era muy diferente de su predecesora. Ella era más exigente en el seguimiento de la Regla de la
Visitación. Esto, a su vez, llevó a  Leonia a la depresión Fue muy difícil para Léonie aprender
la Regla lo suficientemente rápido para que no desmotivara a su directora.

Las hermanas de Leonia estaban otra vez alarmadas y
temían que se repitiese la historia. Tenían miedo de que
Leonia fuera obligada a abandonar el Monasterio otra vez.
Gracias al apoyo de sus hermanas del Carmelo, y la intercesión
de su amada tía la sor María-Dositea y su hermana
Teresa,  
Leonia sobrevivió este proceso. Como dijo en una carta a sus
hermanas en el Carmelo: “Sobrevivir a las presiones de la tierra:
para ganar el Cielo, si es necesario sufrir y sufrir grandemente. La
verdadera paz es aceptar todas las pruebas. Después de que
hemos completado nuestro exilio, habrá Cielo eternamente,
mientras esperamos, es necesario que nos unamos a la Cruz. De la
Cruz al Cielo sólo hay un paso.”  (GV)

La sor María Aimée decidió que Leonia estaba preparada para
hacer su Profesión. El 2 de Julio de 1900, Leonia acabó su
noviciado y pronunció sus votos finales. La ceremonia tuvo                     
Carmel de Lisieux
lugar bajo la dirección del Canon Levasseur. Leonia recibió su
crucifijo, la cruz que le costó tantas lágrimas, sin embargo,
estaba contenta de vivir el resto de su vida como una monja de la Visitación.

La Madre Superiora de la Comunidad decidió que Leonia fuese asistente de la Tesorera,
enfermera, asistiendo en el refectorio y asistente en la sacristía. Las obligaciones de Leonia en
la tesorería era asegurar que todo en el Convento funcionase. Sus obligaciones en la enfermería
era ocuparse de las necesidades de los enfermos y las monjas ancianas. Asistió a las Hermanas
en el Refectorio que preparaban las dos comidas diarias de la comunidad. Sus deberes en la
Sacristía  eran preparar el vestuario, los corporales, etc. y los purificadores para Misa.

Leonia prestó su apoyo y atención a las necesidades de las nuevas postulantas que, como ella,
estaban teniendo dificultades para seguir la Regla de la Visitación. A pesar de que no tenía
siempre un papel de líder, ella aceptaba sus tareas con gozo. Leonia tuvo que hacer muchos
sacrificios en su trabajo. Con gran humildad, usó esas oportunidades para ofrecérselas a Dios y
salvar almas, en partículas para los sacerdotes.

Leonia tuvo una breve oportunidad de ver a su hermana
Paulina en 1902.  Paulina y Madre
María de Gonzaga estaban viajando a una ciudad llamada Valognes, Normandía en viaje de
negocios. Esto fue muy especial para Leonia ya que creyó que nunca volvería a ver a su
hermana.

En la primera mitad de 1900,
Teresa había llegado a ser muy conocida pro mucha gente en
Francia. Su libro “Historia de un alma” fue muy leído por gente que había buscado su
protección e intercesión. El proceso para la canonización de
Teresa había empezado. En 1910,
el Obispo Lemonnier de Bayeux y Lisieux pidió a Leonia que preparase una declaración sobre
las virtudes de
Teresa. El 27 de Noviembre, Leonia y la Madre Superiora Juana-Marguerita
Decarpentry viajaron a Bayeux para ver al Obispo. Leonia testificó sobre las virtudes de
Teresa.
Durante este evento, ambas estuvieron en el Monasterio Benedictino.

El interés sobre
Teresa  atrajo también interés sobre Leonia y el resto de las hermanas. La
gente visitaba el monasterio de la Visitación y preguntaba por Leonia  para verla y pedirle que
intercediera por ellos a su hermana
Teresa. Leonia siempre cumplía con sus peticiones.

Cuando 1914 se aproximaba, la amenaza de la guerra era inminente. El comienzo de la I Guerra
Mundial  tuvo un grave efecto en la comunidad de la Visitación así como en otras comunidades
religiosas. Los alemanes avanzaban sobre Francia a través de la frontera belga y ocuparon el
noreste del país. A pesar de que Leonia y sus hermanas estaban lejos del frente, se les pidió que
hicieran sacrificios por la guerra. Se racionó la comida para todos, así como las medicinas y
otras ayudas, La mayoría de las provisiones fueron enviadas al frente para ayudar a los soldados
franceses. Leonia estaba muy preocupada por la seguridad de sus hermanas en el monasterio
carmelita de Lisieux debido al racionamiento. Ellas le aseguraron que estaban bien. Cuando
acabó la guerra todas ellas sobrevivieron a los horrores.

El 30 de Septiembre, 1912, mientras Leonia cantaba el Santo Oficio, se le aparecieron las
manos de
Teresa en su libro. Esta aparición le dio a Leonia la seguridad de que su hermana
siempre estaba con ella. Ellas tuvieron una relación muy cercana. Ella vio a
Teresa como una
guía en el camino de la perfección. Esta experiencia dio valor a Leonia para trabajar más duro
en ser santa.

El proceso de canonización de
Teresa, progresó rápidamente el 9 de Abril de 1915. Tuvo lugar
el segundo examen de las virtudes de
Teresa requerido en el proceso apostólico .El examen
tuvo lugar en el monasterio Carmelita de Lisieux. Para su gran gozo, Leonia y su Madre
Superiora viajaron al monasterio Carmelita. Leonia no había visto a sus hermanas en 17 años.
Fueron ocho días excitantes para ella por la bendición de ver a sus queridas hermanas y por ver
donde
Teresa había vivido y trabajado. Leonia dijo: “Mientras estábamos sentadas en los
peldaños del Carmelo, era como si nada hubiera cambiado. Como si  estuviésemos  juntas en
Les Buissonnets de nuevo.” Cuando llegó el momento de dejar el monasterio Carmelita, Leonia
tuvo que despedirse otra vez de sus hermanas. Esta vez sería para siempre hasta que se
volviesen a ver en el Cielo. Las hermanas Carmelitas prepararon una canción de despedida que
fue un regalo muy emocionante para ella.

Una vez que Leonia  volvió al monasterio de la Visitación fue muy difícil para ella adaptarse.
La separación de sus hermanas y  la dificultad de seguir “el caminito”  le produjeron un
desgaste emocional. Ella tenía miedo de defraudar: “pertenezco a una familia de santos y no
debo traicionar esta herencia.” (GV)  Leonia siempre pensó que
Paulina era una santa. Ella la
consideraba como una persona con grandes virtudes. Además Leonia persistió y retomó la
práctica de permanecer oculta, siguiendo los pasos de
Teresa poco a poco. El principal objetivo
de Leonia era ser un ejemplo del amor de Dios, el mismo amor que él tiene por cada uno de
nosotros. Ella buscó  su propia medida de obediencia a Dios para avanzar en su práctica de la
humildad, una de sus virtudes favoritas. Ella dedicó la mayor parte de sus oraciones al Papa, a
la Iglesia y sus comunidades  y a los que sufrían.

Leonia constantemente examinaba el progreso en su camino de perfección y llegó esta
conclusión: “soy tan pobre, tan pequeña, tan débil, pero me regocijo en ser así porque me hace
ser más abierta a Su amor que consume y transforma y no podría abandonarme más. Creo que
he llegado al punto donde Dios desea que esté, porque le amo sobre todas las cosas; No quiero
otra cosa que no sea El.” (L)

De todas maneras Leonia continuó trabajando fervientemente  para alcanzar la meta de ser más
humilde. Ella buscó todas las oportunidades posibles para salir del centro de atención,
trabajando duramente para llegar a ser no reconocida. Sus Hermanas de la Visitación,
describieron su pura amabilidad y alegría exultante y gran humildad acompañada de simplicidad.

Reflexionando a cerca de su difícil infancia, Louisa Marais, la doncella, le pidió perdón. Había
abusado emocional y físicamente de Leonia cuando ésta era niña. A Louisa no se le permitía
tener ningún contacto con Leonia, pero consiguió tenerlo gracias a la intercesión de
Maria.
Leonia le agradeció el haber cuidado a su madre cuando sufrió cáncer de pecho y la perdonó
por la manera en que la había tratado.

El 10 de Agosto de 1917, tuvo lugar una segunda exhumación de los restos de
Teresa. Leonia
siempre había querido tener una reliquia de ella desde su muerte. Afortunadamente, mientras
Celina estaba envolviendo las reliquias de Teresa en lienzos de seda, una muela se cayó, con lo
que se decidió que éste sería dado a Leonia. La llegada de la reliquia al monasterio de la
Visitación fue una bendición para Leonia y sus Hermanas en Caen.

El 26 de Marzo de 1923, las reliquias de
Teresa fueron llevadas al Monasterio Carmelita de
Lisieux. Fueron llevadas en un carruaje bellamente decorado en procesión desde el cementerio
hasta la capilla Carmelita. La beatificación de
Teresa iba a tener lugar el 29 de Abril. Como
gesto a Leonia, el carruaje pasó cerca del Monasterio de la Visitación en Caen para incluirla en
la ceremonia.

Poco después de la beatificación, la canonización iba a tener lugar. El 17 de Mayo de 1925, se
convirtió en Santa
Teresa del Niño Jesús. Tuvo lugar en Roma una bella ceremonia para
celebrar la canonización de la nueva santa. El Papa Pío XI invitó a las hermanas de
Teresa a
que asistieran, pero todas declinaron la invitación. La decisión se debió a que querían continuar
su trabajo en el monasterio como monjas de clausura. En su lugar, dos hermanas legas del
Monasterio de la Visitación, fueron a Roma para representarlas. Leonia les encomendó una
petición especial: que besaran los pies del Papa Pío XI, como demostración de su fe en él.

El 28 de Septiembre, el cardenal Vico, llegó a Caen para visitar a Leonia en representación del
Papa. Leonia se arrodilló ante él para demostrar su fidelidad a  él y al Papa. Leonia como sus
hermanas rezaba por el Papa, sacerdotes y por la Iglesia. El Cardenal le dio un retrato del Papa
para celebrar los 25 años de Leonia como monja de la Visitación. El retrato contenía la
inscripción de una bendición para ella en honor de esta ocasión.
Paulina había enviado una
estatua de
Teresa que fue colocada en el jardín del Convento de la Visitación, el Cardenal tuvo
el honor de bendecir la estatua durante su visita.

Debido al abrumador interés en
Teresa, muchos visitantes venían a la Visitación para ver a
Leonia. Leonia al ser una asistenta de la portera, abría a la puerta sin revelar su identidad. Esto
era una oportunidad para practicar la humildad. La mayoría le pedían que rezara a su hermana
Teresa por sus intenciones y ella siempre cumplía con las, aunque nunca pidió nada para ella
misma. Ella sabía que recibía todo lo que necesitaba. Un visitante quiso entrevistar a Leonia
para averiguar más información sobre Celia, su madre. Leonia accedió a su petición y le contó
que fue su madre quien le enseñó humildad, simplicidad y desapego de las cosas mundanas.
Siempre la vio como una santa. El visitante le pidió que le dedicase el libro “The Little Flower’s
Mother”. Leonia también escribió un mensaje para la The Little Flower Society”:” si debemos
complacer a la Florecita, debemos ser humildes como ella y seremos humildes si nos repetimos
cada día:” Jesús manso y humilde, haz mi corazón como el tuyo.” Leonia se comprometió a
rezar cada día a
Teresa para que los cuidase.

En la entrevista, le preguntaron por qué no se había hecho monja carmelita como sus hermanas.
Leonia replicó que ella estaba donde Dios quería que estuviese y que una de las gracias que le
había dado su hermana era preservar su devoción a la Orden de la Visitación. La primera
afiliación de Leonia con esta Orden fue a través de su tía María-Dositea a la que admiraba
grandemente, queriendo seguir sus pasos, hasta el punto de  tomar inicialmente el nombre de
Francisca- Dositea. Era una de las metas de Leonia que luego explica:” quiero ser pequeña, tan
pequeña. Este es el ejemplo que quiero seguir. Sé que esto es lo que Jesús espera de mí”.

Durante el mes de Diciembre de 1930, Leonia fue invadida por una grave infección viral
extremadamente contagiosa, caracterizada por la inflamación de la tráquea y por fiebre,
escalofríos, dolor muscular, y agotamiento. También llamada gripe, lo que eventualmente la
llevaría a contraer neumonía. Sus hermanas de la Visitación creyeron que no sobreviviría
por lo que le administraron los últimos Sacramentos.
Paulina envió un telegrama a la
hermandad Carmelita en Roma comunicándoles el estado de su hermana. Inesperadamente, el
Papa Pío XI le respondió dando a Leonia su bendición papal así como pidiendo la intercesión de
Teresa. La sor María Aimée, que era muy cercana a Leonia, rezó ante la estatua de Teresa en
el jardín pidiendo su intercesión.

Tras recibir Leonia las bendiciones, se empezó a recuperar. Las Hermanas de la Visitación
estaban impresionadas por su continua devoción al Amor de Dios y por su ardiente deseo de
estar en su Presencia durante su sufrimiento. La sor Josefina Gabriela de Formigny, enfermera
de Leonia dijo:” Qué edificante fue la actitud de Leonia durante su sufrimiento. Admiro su fe,
su amor a Dios, su profunda delicadeza de sentimientos; ella honra a su hermana
Teresa,
cuyas virtudes reproduce…”

Durante el resto de la vida de Leonia, sufrió numerosas enfermedades, su débil sistema
inmunitario no le ayudaba a luchar contra resfriados y gripe que pasaban cada año por el
Convento. También sufrió eccemas que se extendían por todo el cuerpo lo cual era muy
incómodo. Como su madre Celia, sufrió migrañas. También perdió gran parte de sus dientes
por lo que tuvo que llevar una prótesis. Por si no fuera suficiente, sufrió artritis reumática hasta
su muerte dejando su cuerpo frágil y debilitado que cuando no era capaz de andar sin dudarlo,
gateaba para recibir el Sagrado Sacramento, el verdadero centro de su vida religiosa.

La oración fue una parte muy importante de su vida, lo que su corazón deseaba constantemente
y se recoge en su oración:” Cómo amo las palabras, la obra de Dios en nosotros, no necesitamos
verle ni sentirle. Felizmente, esto es cierto porque siempre he sido y sigo siendo una cabeza
hueca un leño, y pido a Jesús que incendie este leño con el Espíritu de Amor”. Multiplicando las
horas de oración ante el Sagrado Sacramento, Leonia dijo” Es ante el Sagrado Sacramento que
nuestras mentes y corazones se preparan para recibirle. Digamos también muchos Ave Marías,
ya que es nuestra Madre Inmaculada del Cielo la que nos va a salvar”.

En Diciembre de 1939,
María contrajo un resfriado con una tos muy dura. Su enfermedad
continuó durante Enero, agravándose su enfermedad fatalmente.
Paulina y Celina escribieron a
Leonia para informarle de que
María estaba viviendo sus últimos días en la Tierra. El 18 de
Enero de 1940,
María expiró. Como costumbre, dos hermanas visitandinas del Monasterio de
Leonia fueron enviadas al Carmelo con flores para el funeral de
María.

En Abril de 1940, Leonia escribió una carta a sus hermanas en la que describía sus sentimientos
a cerca de la muerte:” Qué gozo. No hay nada seguro en mí excepto mis ojos, mi corazón, y mi
cabeza. Gracias a Dios. Lo que más deseo es completo abandono…como esposas de Cristo, no
podemos sentir miedo a la muerte, por la que debemos pasar para encontrar verdadera vida en
El”.

Adolf Hitler invade Francia el 10 de Mayo de 1940. El ejército francés creyó que les atacarían
en la frontera entre Francia y Alemania donde tenían fuertes defensas. Pero los alemanes
decidieron atacar Francia a través de Bélgica. A pesar de que los franceses hicieron un esfuerzo
enorme para parar el avance alemán, las fuerzas eran muy desiguales. El 22 de Junio de 1940,
los  gobiernos francés y alemán firman el armisticio por lo que se declaraban dos zonas: una
ocupada por los franceses y otra por los alemanes. Desafortunadamente Caen y Lisieux estaban
en la zona ocupada. Leonia y sus Hermanas de la Visitación no pudieron ignorar la situación por
más tiempo. Los alemanes habían colocado regimientos en las ciudades de Francia, incluido
Caen.

Leonia hizo todo lo que pudo para consolar a sus Hermanas que tenían miedo de la ocupación
alemana. Rezaba ardientemente por la seguridad de su familia y pedía a su hermana Santa
Teresa que las protegiera. Cuando 1940 llegaba a su fin, la salud de Leonia había empeorado.
Ya no podía andar por el Monasterio. La Madre Juana Maguerita de Carpentry decidió que,
tras contraer bronquitis, Leonia debía ser trasladada a la enfermería. Una vez allí, Leonia
confortó a las otras hermanas que se encontraban a punto de morir. Estaba contenta de
continuar sus deberes a pesar de estar limitada por su mala salud:” Si, sufro mucho, pero no
quiero parar, quiero seguir hasta la muerte. “

Durante Mayo de 1941, Leonia contrajo la gripe de nuevo. Esta vez parecía que no la iba a
superar. Sufrió mucho físicamente:” Me he hecho tan pequeña que tengo la audacia de creer
que no iré al Purgatorio. Pido a mi Jesús que me prepare para su llegada. Aunque soy una gran
pecadora, no tengo miedo de Dios. Al contrario, es mi extrema necesidad de El lo que me da
tanta confianza que sueño que cuando deje los brazos de nuestra amada Madre Superiora,
caeré naturalmente en los brazos de Jesús y los de mi Madre celestial. Qué audacia”

Al final de Mayo, Leonia empezó a mejorar. Era una oportunidad de oro para sus Hermanas de
la Visitación que querían celebrar el nacimiento y profesión de Leonia. La Madre Superiora
aprovechó esta oportunidad para celebrar el cumpleaños de Leonia, así como su 40 aniversario
de su profesión, el cual fue celebrado el 3 de Junio de 1941.

Uno de sus regalos fue un mensaje del Papa Pío XII:” Estamos bendecidos de todo corazón en
la ocasión de tu 40 aniversario de tu profesión religiosa, nuestra querida hermana en Jesucristo,
Francisca-Teresa de la Visitación de Caen, y gracias a la intercesión de su bendita hermana
Santa
Teresa, imploramos para ella la gracia de la más alta santificación en la más ferviente
humildad”. Cuando la celebración llegó al final, Leonia tuvo que volver a la enfermería. Sus
Hermanas llenaron los pasillos del convento con los versos:” por tu dulce manera guíanos,
rezamos,
Teresa al Cielo, al Cielo, al Cielo”. Leonia estaba llena de alegría y felicidad por la
celebración. La Madre Superiora tuvo la oportunidad de llevar a su “reliquia viviente” de vuelta
a su habitación.

Debido a la ocupación del ejército alemán, el mensaje del Papa llegó casi con un año de retraso.
Tras la celebración en 1940, Leonia contestó al Papa, agradeciéndole su regalo. Pero el mejor
regalo para Léonie fue el de su hermana
Paulina, que envió el crucifijo de la profesión de Santa
Teresa permitiendo que el convento de la Visitación se lo quedase. También les dio un relicario
para guardar la cruz y ésta pudiera ser venerada.

Paulina, sabiendo que su hermana iba a morir contactó al Papa y pidió permiso para que el
cuerpo de Leonia estuviese enterrado en el Carmelo de Lisieux. Era una expresión de fe que
todas las hermanas estuviesen enterradas en la cripta junto a Santa
Teresa. Pero  Leonia quería
ser enterrada en el convento de la Visitación, ya que pensaba que tras su muerte no habría más
comunicación entre la Visitación y el Carmelo. La Madre Superiora también temía esto porque
el Carmelo les ayudaba de muchas maneras durante la ocupación alemana.
Paulina le aseguró a
su hermana:” No temas, mi pequeña Leonia, si vuelas al Cielo no dejaré de ayudar a tu
Monasterio, además siento la necesidad de hacerlo”.

A medida que avanzaba Junio, los ojos de Leonia estaban solamente en el Cielo. Conversando
con su Madre Superiora dijo:” El divino Ladrón está en la puerta, querida Madre, pero no te
preocupes si me saca en medio de la noche ya que estoy preparada. Todo está hecho,
abandonado”. Era doloroso para algunas de sus Hermanas verla en un enorme estado de agonía
durante su enfermedad. Leonia les aseguraba,” Era necesario sufrir antes de morir porque aún
tengo que subir al Calvario”. Quería subir al Cielo como los niños.

El 12 de Junio Leonia se levantaba para la oración de la mañana, pero de repente, se sintió débil
e inmóvil de un lado de su cuerpo, que le hizo caer al suelo. Cuando la enfermera llegó, la
encontró en el suelo inconsciente, por lo que pidió ayuda para colocarla en la cama. Llamaron
al médico y al sacerdote para que le administrase la Extremaunción. Horas más tarde Leonia se
despertó y se dio cuenta de su parálisis que le impedía moverse y hablar.

La Madre Superiora se lo comunicó a
Pauline y Celina. Esa misma tarde, Paulina envió a dos
hermanas legas a la Visitación llevando flores con oraciones y bendiciones. Leonia estaba
visiblemente emocionada al verlas, se sentaron en su cama y le dieron los mensajes. La Madre
Superiora le dio el Rosario de
María y el Crucifijo de Teresa. Leonia guardó las reliquias en sus
manos, cogió una rosa, y les quitó los pétalos y  los puso sobre el Crucifijo de su hermana.

La condición de Leonia se deterioró los siguientes 5 días. Aunque estaba muy débil, mantuvo el
Rosario de
María y el Crucifijo de Teresa junto a su corazón. Cada día el sacerdote le daba la
Extremaunción.

El 16 de Junio, Leonia extendió sus manos con una débil sonrisa en su cara, cuando sus
Hermanas trajeron una réplica de la estatua de Nuestra Señora de la Sonrisa. Le recitaron
algunos versos de su hermana
Teresa:” Morir de Amor, qué martirio más dulce, Lo deseo, es el
deseo de mi corazón. Pronto se acaba mi exilio, Oh, te suplico querubín, afina, afina tu lira”.
Esa tarde se hizo evidente que le quedaban pocas horas de vida ya que los signos de la muerte
eran evidentes. La Madre Superiora le dio una vela bendecida mientras rezaban a Nuestra
Señora del Monte Carmelo, a Nuestra Señora de la Visitación y a Santa
Teresa. Pocas horas
antes de que ella subiera al Cielo, el 17 de Junio, Leonia volvió a depositar pétalos de rosa sobre
el Crucifijo de
Teresa. La Madre Superiora abrazó a Leonia dos veces, una por Paulina
y otra por Celina. Puso su cabeza de vuelta en la almohada y Leonia suspiró dos veces mientras
su alma comenzaba su ascensión al Cielo. El Señor que ella amaba, la llamaba a Casa.

Las hermanas de la Visitación se reunieron alrededor de su cama y cantaron el Magníficat.
Prepararon su cuerpo para el funeral con las manos unidas al Crucifijo de su hermana Santa
Teresa y su cabeza sobre una almohada blanca. Le colocaron una corona de rosas blancas
alrededor de la cabeza y una guirnalda de flores rodeándola. La bella sonrisa de Leonia se
mantenía en su cara mientras descansaba en paz. Su cuerpo fue llevado al coro de la Capilla
donde aquellos que vinieron pudieran mostrar sus respetos.

A medida que se conocía la muerte de Leonia, llegaba gente de todo el mundo. Su funeral fue
un encuentro multitudinario de gente que quería darle su último adiós, a pesar de la ocupación
alemana. Numerosas cartas de condolencia llegaron a ambos Monasterios. El funeral por la sor
Francisca –Teresa, María Leonia Martin fue oficiado el 21 de Junio de 1941, celebrado por
Monseñor Germain. El cuerpo de Leonia fue enterrado en la cripta del Monasterio de la
Visitación donde aún permanece.


Escrito cerca:: R. Hann
Traducido cerca Yolanda y familia

Bibliografía
Abbé Combes, ed. Collected Letters Of Saint Thérèse of Lisieux . (CL)
New York: Sheed & Ward, 1949.
Dolan, Albert H. Rev.. Collected Little Flower Works. Chicago: Carmelite Press, 1929.
---. The Little Flower’s Mother. Chicago: Carmelite Press, 1929. (CW)
---. God Made The Violet Too: Life of Léonie, Sister of St. Thérèse. (GV)
Chicago: Carmelite Press, 1948.
Piat, Stéphanie Fr. The Story Of A Family: The Home of St. Thérèse of Lisieux. (SF)
Trans: Benedictine of Stanbrook Abbey. Rockford, Ill.: Tan Books and Publishers, Inc., 1948.
Death Announcement of Sr Francoise-Therese Martin, UnpubIished transcript from the Monastery of the Visitation in Caen, France. 1941 (DL)
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